Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad. Jorge Luis Borges, El libro de arena El hombre más viejo del mundo despierta en una suerte de casona; es tan vieja como el anciano mismo y parece no tener pared alguna. Tras abrir los ojos, el antiguo s