Corrupción y unicornios
- Alfonso Meza

- 29 mar
- 2 min de lectura
El unicornio ha sido un símbolo a lo largo de la historia. Desde una bestia feroz, el símbolo de la potencia y el amor cortés hasta la pureza cristiana o metáfora de Jesús Cristo; sin embargo, en la reciente película del director Alex Scharfman, La muerte de un unicornio, le da un giro oscuro a una leyenda tan blanca.
La película comienza con Elliot Kintner (Paul Rudd) y su hija Ridley (Jenna Ortega) viajando a la mansión del multimillonario moribundo Odell Leopold (Richard E. Grant). Elliot—distraído por trabajo y alergias—atropella una criatura blanca. Más tarde se descubre que la sangre del potro unicornio cura cualquier enfermedad, corrompiendo el mito de pureza en codicia. Scharfman pervierte La Chasse à la licorne: seis tapices medievales donde un grupo de nobles cazan a un unicornio, lo capturan y encadenan como trofeo.
En los tapices matan a la mítica criatura, que después revive en el cautiverio. El orden de los tapices no está claro por varias razones, lo que permitió a Schafrman reestructurar el mito. En la película se cambia ligeramente el orden: Ridley y Elliot atropellan al unicornio, Ridley crea un enlace, Elliot mata al unicornio, se lo llevan a Odell, queda capturado y vivo; al final, el unicornio se defiende. La Chasse à la licorne se convirtió en un rompecabezas que Scharfman armó y deformó a placer, permitiendo que esta vez el vencedor sea el poderoso, oscuro y sádico unicornio. Una interesante forma de tomar inspiración del arte para crear su propia versión.
La relación con la codicia humana como forma de transgredir el símbolo más puro es una fuerte declaración de la película sobre el actuar humano actual. En la película se reflejan dos tipos: la codicia “justificada” que sería Elliot tratando de tener suficiente dinero para mantener a Ridley para siempre, y la codicia “exagerada” como la que presentan Odell y su familia. Mientras que por un lado se busca el bien para las personas que amas y por otro se busca amasar más fortuna de forma desmedida sin pensar en el beneficio de todos.
La película lleva el mensaje de que hasta la oscuridad del ser humano puede deformar y erosionar el símbolo más puro. A veces solo se debe disfrutar de la vida en vez de pensar en conseguir más cosas materiales. Scharfman consigue darle una vuelta de tuerca al mito más conocido.
Alfonso Meza
Alumno de Literatura y Creación Literaria




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