Es fascinante, en el sentido más cínico del término, observar la deriva del Partido Acción Nacional. Lo que conocemos como el partido más desenmascarado de sus pretensiones, hoy parece un cascarón vacío, aferrado a ideas no solo viejas, sino refutadas. Han decidido abrazar un liberalismo económico al estilo Hayek: una doctrina que la realidad mexicana, con la experiencia del PRI de los noventa, se ha encargado de desmentir una y otra vez. En un mundo que debate sobre el capit