Los perros de la mañana ya han sido azotados, en sus heridas esparcen ungüento viejo. Las bestias avanzan con los pechos sangrantes. Detrás de los primeros hacen fila los otros, con las jóvenes costras del día anterior al aire. Las tetas de las perras arrastran en el piso, remueven el polvillo, muerden los cuellos de las crías y entretetienen sus tripas huecas. Grandes buitres vuelan alrededor, planean sobre las cabezas gachas. Esperan que los cachorros se destet